Es una de las consultas que con mayor frecuencia recibimos en el gabinete, conjuntamente con que a “mayor fuerza” del masajista, mayor efectividad. Pero vayamos por partes:
En primer lugar debemos diferenciar los tipos de masajes, cuya variedad confunde al paciente: terapéutico, descontracturante, relajante, deportivo, drenaje linfático, etc., etc.
Si lo que le solicitamos al terapeuta es un masaje “relajante” o de “relax” porque queremos “desenchufarnos” y buscar un rato para nosotros mismos, ése masaje seguramente será suave, lento, con una música agradable de fondo, poca luz y no habrá diálogo entre el masajista y el paciente. Una atmósfera intimista donde el o la paciente se sentirá a gusto y saldrá sintiéndose mucho mejor.
Qué pasa en cambio con los masajes descontracturantes (sean deportivos o no), o sea dónde hay un dolor a tratar (p.ej dolor en las cervicales)?. Allí el escenario cambia radicalmente, ya no se trata de hacer roces suaves, sensitivos, en la zona dolorida. Allí el terapeuta deberá:
Partiendo de éstos puntos esenciales el terapeuta procederá a realizar las maniobras que considere pertinentes (en el masaje “común”, “tradicional” o “sueco”, dichas maniobras son “amasamientos, fricción y percusión”).
La intensidad de ésas maniobras dependerá del escenario con que nos encontremos. Si se trata de una contractura cervical de larga data, que el paciente ha demorado mucho en consultar y que viene sobrellevando a base de analgésicos, es muy probable que ante las maniobras el paciente sienta dolor, y que el mismo pueda durar hasta el día siguiente. Posteriormente el dolor irá cediendo.
Por qué sucede esto? El masajista deberá tratar los llamados comúnmente “nudos” que se forman en la zona y para ello no usará ningún método mágico, ni milagroso: se servirá de sus manos. Y qué son los famosos “nudos”? Pues sencillamente que el ácido láctico excesivo en los músculos los hace poner rígidos, duros, contraídos. Al mismo tiempo, los músculos contraídos afectan los tendones poniéndolos “tirantes”, y los tendones a las vértebras y a la red de nervios produciendo el dolor.
En éstos casos el terapeuta deberá evaluar la intensidad con que aplicará las técnicas, haciéndoselo saber previamente al paciente, y habrá un diálogo permanente entre ambos durante la sesión.
No está demás aclarar que aquí estamos hablando de contracturas cervicales causadas por malas posturas, estrés, mal movimiento, esfuerzos, no estamos hablando de contracturas debida a malformaciones de la columna vertebral.
Dejando por el momento de lado por el momento las contracturas cervicales, es viable tratar una pubalgia sin que haya dolor? La respuesta es NO. Aquí seguramente el terapeuta optará por otra técnica de masaje: el CYRIAX o Masaje Transverso Profundo, el cuál es inevitablemente doloroso en su aplicación.
Estas líneas no pretenden ser más que una aproximación al tema, sin lugar a dudas que no se agota en estos apuntes. Lo importante es que en forma paulatina el paciente vaya sintiéndose mejor, desapareciendo o mitigándose notoriamente los dolores. En caso de que esto no suceda, no debería continuarse “ad infinitum” con la terapia, sino después de la segunda sesión, si no hay mejoría, derivarlo al médico para una nueva revisión.
Y ÉSTE ÚLTIMO PUNTO ES FUNDAMENTAL: NADIE SUSTITUYE AL MÉDICO (PREFERENTEMENTE TRAUMATÓLOGO), EN EL DIAGNÓSITICO Y LOS PASOS A SEGUIR POR EL PACIENTE: NI EL FISIOTERAPEUTA, NI EL MASAJISTA, NI EL KINESIÓLOGO, NI LOS PARCHES, NI EL VENDAJE NEUROMUSCULAR, NI NINGÚN OTRO INVENTO RECIENTE.
El compromiso del paciente con el tratamiento (continuidad y modificación de conductas), merece unas líneas aparte que oportunamente abordaremos.
Saludos a todos, y recuerden que la prevención es la herramienta más eficiente para evitarnos muchos problemas, dolores y gastos en medicamentos o en terapias.
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